Alcoholismo: Un Carrusel Llamado Negación

Capítulo Dos

por Reverendo Joseph L. Kellermannn    

SEGUNDO ACTO

     En el segundo acto el alcohólico no hace nada, ya que espera que los demas hagan algo por él. Los otros tres personajes entran en escena y el alcohólico se beneficia con lo que ellos hacen. En este acto él hace poco o nada, pues todo se lo hacen.

EL PROPICIADOR

     La primera persona en aparecer es el que podemos llamar el Propiciador, el servicial <<Señor Puro>>, que impulsado por su propia ansiedad y sentido de culpabilidad puede querer rescatar a su amigo alcohólico de su trance apurado, salvarte de la crisis inmediata y asi aliviarle la intolerable tensión creada por la situación. Realmente esta persona puede estar satisfaciendo su auto necesidad más bien que la del alcohólico, aunque no se da cuenta de ello. El Propiciador puede ser un hombre ajeno a la familiar quizas un pariente, aunque a veces este papel es personificado por una mujer.

     También puede ser representado por las tan conocidas <<profesiones auxiliares>>, como los clérigos, médicos, abogados y trabajadores sociales. Muchos de ellos han tenido poca o ninguna de las instrucciones científicas sobre alcohol y alcoholismo, lo cual es esencial para esa clase de consejo especializado. Careciendo de este conocimiento, manejan la situación de la misma forma que el Propiciador no profesional. Esto le impide al alcohólico el proceso de aprendizaje por medio de enmendar sus propios errores, y le acondicionan para hacerle creer que siempre habrá un protector que vendrá en su ayuda, aunque los Propiciadores insistan en que el no le volverán a ayudar, siempre lo harían en una u otra forma ... y el alcohólico asi lo espera. Estas operaciones de rescate pueden ser tan compulsivas como la bebida.

LA VICTIMA

     El siguiente personaje que aparece en escena puede ser llamado la Victima. Este puede ser el jefe, el patrono, el capataz o supervisor, el oficial de mando en la vida militar, un socio de negocios, o a veces, un compañero de trabajo. La Victima es la persona que se hace responsable de hacer el trabajo del alcohólico, si éste se ausenta debido a sus borracheras, o le ayuda a realizarlo cuando sufre el malestar posterior a las borracheras. Las estadísticas en la industria muestran que cuando el tiempo del trago interfiere con el empleo del trabajador, esto se debe a que el alcohólico puede ser un empleado antiguo de la compañia, y por esa razón su jefe ha llegado a tomarle una gran amistad. La protección humana es una reacción perfectamente normal; siempre hay la esperanza que ésa sea la última vez. El alcohólico se ha vuelto completamente dependiente de esta repetida protección y encubrimiento por parte de la Victima; de otra forma no podria continuar bebiendo de esa manera. Se veria forzado a dejar la bebida o a dejar el trabajo. En este caso es la Victima quien <<Propicia>> que el alcohólico continue bebiendo irresponsablemente sin perder su trabajo.

EL PROVOCADOR

     El tercer personaje en este acto es la persona clave en la obra: el cónyuge, el padre, la madre, o la persona con quien el alcohólico vive. Por lo general es la esposa o la madre. Es veterana en su papel y lo ha representado mucho más tiempo que los otros en este acto. Ella es la Provocadora. Es la que se siente lastimada y dolida por los repetidos episodios de borracheras, pero mantiene la unidad familiar a pesar de todos los problemas causados por la bebida. En cambio, alimenta con su amargura, resentimiento, temor y dolor la vida conyugal; por consiguiente se convierte en la verdadera fuente de provocación. Controla, trata de forzar los cambios que desea, se sacrifica, se acomoda, nunca desiste de su empeño, nunca cede; pero sobre todo, nunca olvida. La actitud del alcohólico es que sus fallos deben de ser aceptables, pero ella no debe de fallarle nunca. El actúa con completa independencia e insiste en que hará lo que le parezca, pero espera que ella haga exactamente lo que él dice que haga, o que no haga. Y claro está, ella debe de estar siempre en la casa para cuando él llegue, si es que llega.

     Este personaje pudiera también ser llamado <<el Arreglalotodo>>, porque constantemente arregle las crisis y problemas causados por la bebida. El alcohólico la acusa de todo lo que va mal en el hogar y en el matrimonio; ella en cambio, hace todo lo posible para que su matrimonio se mantenga, y demostrarle a su esposo que él es el equivocado. Ella es la esposa y ama de casa, y además puede verse obligada a ganar parte del sustento familiar. Conviviendo con un hombre cuya enfermedad es el alcoholismo, quiere ser la enfermera, médica y consejera a un tiempo. Pero no puede ejercer estas tres funciones sin perjudicarse o perjudicar a su esposo. Está tan disgustada que no puede hablar con él sin añadir más y más culpas, amargura, resentimiento y hostilidad a una situación ya de por si insostenible. Pero no obstante, las costumbres de nuestra sociedad preparan y acondicionan a la esposa para representar este papel. Si se niega, se encontrará actuando en contra de lo que la familia y la sociedad consideran la función correcta de una esposa. No importa lo que el alcohólico haga, di siempre regresa al hogar; éste es el lugar a donde todos van cuando no hay otro sitio adonde ir.

     El acto segundo es representado ahora en toda su plenitud. El alcohólico en su desesperada condición ha sido rescatado, repuesto en el trabajo y devuelto al seno de la familia como un miembro más. Esto lo disfraza de adulto responsable, pero como todo fue hecho por los otros y no por él, su dependencia es mayor y sigue comportándose como un niño con ropaje de adulto. Los resultados son que los efectos, problemas y confusiones creadas por el alcohólico han sido resueltos y aclarados por otros. Las dolorosas consecuencias de la bebida fueron sufridas por las otras personas, y no por el bebedor. Esto le permite a él continuar bebiendo como una forma de resolver sus problemas. En el Primer Acto el alcohólico eliminó todos sus dolores y miserias emborrachándose; en el Segundo Acto los problemas y los resultados dolorosos de sus borracheras son resueltos por otras personas. Todo esto convence al alcohólico de que puede seguir comportándose indefinidamente en forma tan irresponsable.

TERCER ACTO

     El Tercer Acto comienza casi en la misma forma que el Acto Primero, pero algo ha sido añadido por los Actos Primero y Segundo. La necesidad de negar su dependencia es ahora mayor, y debe de ser expresada de inmediato y mis enfáticamente. El alcohólico niega el tener problema con la bebida, niega ser un alcohólico, niega que el alcohol le esté causando problemas, rechaza el reconocer que alguien lo haya ayudado, etc., más y más negaciones. Niega que pueda perder su trabajo e insiste en que él es el mejor y más diestro en su empleo o profesión. Pero sobre todo, niega haberle causado el menor problema a su familia. De hecho culpa a su familia, especialmente a la esposa, por todo el desvelo, molestias y problemas innecesarios. Puede incluso insistir en que su esposa está loca, y que necesita ver a un psiquiatra. A medida que la enfermedad y el conflictos empeoran, el marido a menudo acusa a la esposa de infidelidad conyugal; aunque no tenga ni una razón verdadera para estas acusaciones.

     Algunos alcohólicos adquieren la misma negación cuando adoptan una actitud de absoluto silencio, y rehusan discutir nada concerniente a sus borracheras. La razón es que es demasiado doloroso recordar. Otros permiten a la familia que discuta sobre lo que hicieron mal, o dejaron de hacer; ya sea que estuvieran borrachos o sobrios. Pero la esposa nunca olvidara lo que su esposo hace; él puede que no lo recuerde porque estaba intoxicado, sin embargo nunca olvidara lo que su esposa le dijo que hizo o dejó de hacer.

     El problema verdadero es que el alcohólico está bien consciente de la verdad, lo cual niega con tanta vehemencia. El sabe de sus borracheras, y está consciente de su fracaso. Su culpabilidad y remordimiento se han vuelto intolerables a tal punto que no puede resistir la critica o el consejo de los demás. Sobre todo, el recuerdo de su intima incapacidad y su fracaso es mis que embarazoso al finalizar el primer acto; resulta demasiado doloroso para una persona que piensa y actúa como si fuera un pequeño Dios en su propio mundo.

     Con el tiempo la familia se ajusta a convivir todos unidos. El alcohólico puede negar que volverá a beber, y los otros actores de la obra juran que nunca más le ayudaran. El Propiciador dice que nunca más irá en su rescate. La Victima no le permitira otra ausencia del trabajo debido a sus borracheras. La Provocadora, ya sea la esposa o la madre, le dice al alcohólico que no puede vivir mis en su compañía bajo esas condiciones.

     Cuanto se ha dicho es completamente diferente de lo que cada cual ha hecho y hará otra vez. El Propiciador, la Victima y la Provocadora han dicho lo mismo anteriormente, pero nunca lo han llevado a cabo. El resultado es que el sentimiento de culpabilidad y fracaso del alcohólico aumenta, su seguridad de semi dios de que puede hacer lo que le plazca es desafiada y todo esto viene a aumentar su ya pesada carga de tensión y soledad. Si este dolor mental se hace intolerable, especialmente por el cambio de actitud y acción de los otros miembros del reparto, puede hacer una Cinica y segura forma de remover su dolor, venciendo su culpabilidad y sensación de fracaso y recobrando un sentido de estimación y dignidad personal. No obstante si el Segundo Acto es protagonizado como fue descrito, lo mis probable es que en el Tercer Acto, el alcohólico vuelva a beber. Esta es su forma mis segura para aliviar todo el dolor, resolver todos sus problemas y alcanzar una sensación de bienestar. El recuerdo del confort y el beneficio inmediato que le proporciona el alcohol, borran el conocimiento de lo que sucedera si vuelve a beber. Además siempre en el fondo de su mente tiene la esperanza de que esta vez él podrá controlar la bebida y disfrutar los grandes beneficios que una vez gozó por medio de la bebida. Lo que aparece absolutamente necesario para el alcohólico ocurre, asi pues, comienza a beber de nuevo.

     Cuando él toma su trago la obra no se termina, las cortinas caen a la terminación de los Actos Primero y Segundo, pero en el Tercer Acto la obra de repente vuelve al primer acto sin bajar las cortinas. Es como ver una pelicula de tres rollos que continua proyectándose sin parar. Si las personas en el auditorio permanecen sentadas por largo tiempo y los primeros dos actos son ejecutados como fueron descritos anteriormente, los tres actos se repetirán una y otra vez, y al final del Tercer Acto el alcohólico volverá a beber otra vez. Como los años pasan, los actores envejecen, pero hay poco cambio en las palabras o en la acción de la obra.

     Si los primeros dos actos son representados como ya fueron descritos, el Tercer Acto continuará en la misma forma, Si el Primer Acto no hubiese ocurrido, no hubiéramos tenido el comienzo del drama sobre el alcoholismo y la obra hubiese terminado. Esto hace que el Segundo Acto sea el único en el cual el trágico drama del alcoholismo puede ser cambiado, el único Acto en el cual la recuperación del alcohólico puede ser iniciada por las decisiones y acciones de los otros personajes.

     En el Segundo Acto el alcohólico ha aceptado todo lo que los otros hicieron por él, quienes actuaron de esa forma por su propia voluntad o porque simplemente no pudieron resistir el no ayudarlo. Es por eso que este Acto posee el verdadero potencial para romper el espiral hacia abajo del alcoholismo y su carrusel de negaciones. Veamos ahora qué sucede cuando aquellos relacionados con el alcohólico determinan crear un cambio en la situación.

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